La Inteligencia Artificial revoluciona la profesión jurídica
7 de agosto de 2025
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La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un concepto futurista para convertirse en una herramienta cotidiana en los despachos y asesorías jurídicas.
Lejos de ser una única herramienta, la IA engloba distintas tecnologías —desde el machine learning hasta el procesamiento del lenguaje natural o la visión por ordenador— que hoy forman parte de nuestra vida diaria. En el ámbito jurídico, su potencial es enorme: desde automatizar tareas repetitivas hasta mejorar la eficiencia en la revisión documental o la elaboración de escritos.
Podemos distinguir entre IA tradicional —centrada en el análisis y predicción de datos existentes— y la IA generativa, representada por modelos como ChatGPT, capaz de crear textos, imágenes o audios a partir de millones de datos previos. Esta última es la que más impacto está teniendo en el sector legal.
La IA generativa se está consolidando como un aliado estratégico para los profesionales del Derecho. Su valor no reside en sustituir al abogado, sino en liberarlo de tareas mecánicas y permitirle centrarse en la estrategia y el asesoramiento de alto valor añadido.
Entre sus utilidades más destacadas están la síntesis de documentos extensos, la extracción de datos relevantes, la clasificación y comparación de contratos, la traducción jurídica o la preparación de argumentarios y borradores. Además, puede apoyar la formación continua, la comunicación con clientes o la gestión interna del despacho.
No obstante, hay que utilizar estas herramientas con criterio y supervisión profesional, especialmente en el contexto jurídico, donde la precisión y la fiabilidad de las fuentes son esenciales.
El uso de la IA en el ámbito legal plantea desafíos éticos y técnicos que no pueden ignorarse. Destacamos como riesgos clave:
- Entrenamiento con datos no fiables, que puede generar resultados erróneos.
- Sesgos algorítmicos, derivados de la selección de las fuentes.
- “Alucinaciones” o respuestas inventadas, que aparentan ser correctas pero carecen de fundamento jurídico.
- Falta de transparencia sobre las fuentes y el proceso de generación de las respuestas.
- Riesgos de privacidad y propiedad intelectual, si se introducen documentos confidenciales en entornos no seguros.
Por ello, la supervisión humana sigue siendo imprescindible. Ninguna decisión jurídica debe basarse exclusivamente en una respuesta generada por IA sin verificación ni contraste con fuentes oficiales y actualizadas.
Dichos riesgos podemos combatirlos con buenas prácticas como las siguientes:
- Verificar las fuentes antes de usar la información.
- Comprender las limitaciones de la IA: no entiende, predice.
- Aprender a preguntar y dialogar con el sistema.
- No subir información confidencial a entornos no seguros.
- Supervisar siempre los resultados.
- Formar al equipo en el uso ético y técnico de la IA.
- Definir políticas internas que garanticen la seguridad y la transparencia.
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Categorías: Consejos útiles
Acerca de Elena Melon Crispín
Directora jurídica de Cobro Ágil y CEO de Alter Lex Abogados y Asesores.
